

Lost
Febrero 2010/ Nadie quería dormir; el niño de seis años llevaba ya más de 12 horas desaparecido en aquella zona llena de cuevas, simas y barrancos, y los primeros esfuerzos por encontrarlo no habían dado resultado. Pero la necesidad de descansar para poder afrontar el nuevo día con garantías obligaba a los voluntarios a cerrar los ojos y tratar de conciliar el sueño. Las labores de búsqueda se reanudarían a la mañana siguiente, y se unirían a las tareas de rescate equipos especializados en montaña, con perros de la policía y un helicóptero.
Las primeras luces pusieron en marcha a los equipos. Un psicólogo tranquilizaba a la familia, la temperatura de aquella noche había sido suave y el niño no habría tenido problemas de hipotermia aunque hubiera tenido que dormir a la intemperie; y lo más seguro es que hubiera encontrado refugio.
Uno de los equipos de rescate estaba formado por tres jóvenes pastores de las localidades cercanas, junto a varios bomberos de la capital que llevaban con ellos equipos de espeleología. Se encargaban de explorar las simas de la zona, por si el niño hubiera caído en alguna de ellas. Conforme una tras otra descartaban las simas más cercanas al punto de la desaparición, el silencio se hacía más y más denso. Por un lado, las simas eran bastante peligrosas puesto que algunas de ellas tenían varias decenas de metros de caída libre, así que no encontrar al crío en ellas era un alivio. Pero pasaban las horas y la falta de noticias se convertía en una mala noticia. Los mensajes de ánimo enviados a través de los walkie-talkies cada vez se espaciaban más...
El bombero más pequeño era demasiado grande para descender por aquella entrada angosta, por lo que decidieron bajar colgado al pastor más joven, apenas quince años recién cumplidos. Le dieron instrucciones precisas de no tocar nada del arnés o las cuerdas, una linterna y un silbato. El descenso se interrumpía con repisas cada dos o tres metros, que el pastor debía recorrer a gatas. La luz de la linterna se reflejaba en las paredes húmedas. Llegó al fondo de la sima y no encontró nada ahí abajo, por lo que hizo sonar el silbato y comenzaron a subirle poco a poco.
Al llegar a una repisa, el pastor se golpeó la cabeza y al llevarse las manos a la cabeza, dejó caer la linterna, que emitió un ruido sordo y se apagó. Continuó la ascensión a oscuras, ya que no sabía como pedir que le volvieran a bajar. Además probablemente la linterna estaría destrozada. En una de las repisas avanzaba casi arrastrándose cuando vio que detrás de una roca había una pequeña luz verdecina. Se acercó y encontró un pequeño túnel cuyas paredes emitían una luminiscencia que se acentuaba al tocarlas. Al fondo de aquel túnel, hecho un ovillo, estaba el niño dormido...
Aunque los hongos que emiten luz al tocarlos parecen salidos de Pandora, el planeta ideado por James Cameron para su película Avatar, en realidad en la Tierra existen también. Hay más de 64 especies, y el año 2009 se encontraron 7 de ellas (por ejemplo las especies Mycena luxaeterna y Mycena luxperpetua) lo que significa que seguro que se descubren algunas más. Y es que muchos de los seres que aparecen en las películas de ciencia ficción no son más que variaciones más o menos ocurrentes de especies de nuestro planeta poco conocidas...
