Al García Ilustración / Octubre 09
www.algarcia.es | www.zoodiaco.blogspot.com | info@algarcia.es
Artista gráfico. Animal visual. Voyeur confeso. Al García está convencido de que no se puede interpretar el mundo si no se sabe observar primero. Ésa es la clave; mirar, admirar, sentir, intuir, adivinar... Y luego dibujar; encajar todo eso en las dos dimensiones de una hoja de papel o un monitor.
1- El primer planeta de tu universo
Me recuerdo a mí mismo pintarrajeando la agenda de teléfonos (la conservo aún y es una verdadera joya) o engrosando con mi hermano una enorme caja de cartón donde guardábamos nuestras propias versiones de los héroes televisivos del momento.
2- ¿Eres un amante correspondido?
Lo verdaderamente importante es disfrutar con lo que se hace. Lo demás; el éxito, la fama, los premios, sea para bien o para mal, es anecdótico. No debería influir ni condicionar el proceso creativo. Recuerdo que mi primer premio fue un libro de Pinocho y otro de cuentos de Daudet en uno de esos concursos de dibujo escolar organizados por El Corte Inglés.
3- El placer y el dolor…
Dibujar, como cualquier otra actividad que implique ensimismamiento y entrega, detiene los relojes. Es un momento cerrado, íntimo e intenso, tú y el papel... En ese sentido es algo muy místico. A veces es un proceso fluído y relajado, otras es intenso y agónico, lo cual también es genial porque significa que alguna barrera, técnica o conceptual está siendo demolida. Luego acabas, lo observas, respiras...y el resultado, al menos en mi experiencia personal, siempre reconforta y compensa. Es gratificante. Y sino, significa que hay que seguir. Si la obra, además, tiene difusión y buena acogida, sobra decir que el orgullo lo agradece.
El lado oscuro de esta profesión viene con las cuestiones mundanas. Sobrevivir como freelance en un sistema que favorece descaradamente al trabajador por cuenta ajena y zancadillea al autónomo es una odisea. He visto a gente muy válida rendirse y tirar la toalla.
4- Tus colonias, ungüentos y afrodisíacos
Soy de los que confían más en la transpiración que en la inspiración. Las musas, cuando llegan, siempre le pillan a uno trabajando. Nuestro cerebro es como un músculo, necesita un precalentamiento antes de trabajar. Yo realizo decenas de bocetos que me sirven para calentar motores a la vez que como brainstorming; me documento, pienso, estudio a los maestros, asocio palabras, evoco imágenes, dibujo, recorto, pego, ensamblo, escaneo, imprimo, calco... hasta llegar al boceto definitivo. Es la fase más intensa y compleja, y precisamente por eso, no le doy a mi mente excusas para escapar o desfocalizarse; nada de visitas, TV, música ni MSN.
5- Signos, lenguaje, mirada universal.
Tener un estilo propio y definido es un privilegio que pocos se pueden permitir. Te puede aportar fama y reconocimiento pero un ilustrador "mercenario", un artista versátil y camaleónico siempre va a tener más posibilidades de sobrevivir en tiempos difíciles. Aún así existe algún denominador común en mi obra; paleta de colores reducida y generalmente planos, minimalismo formal y predominancia del concepto sobre el virtuosismo técnico. Dos maestros: Richard Corben y Santiago Sequeiros.
6- Vende tu alma al diablo.
Cuando algo tiene que venderse a sí mismo, mal asunto. Sólo espero que mis dibujos agraden y estimulen la sensibilidad artística. No aspiro a más. Si el Señor Diablo tiene interés, que oferte él primero.
7- ¿Futuras misiones para la nave espacial?
Estoy preparando un comic book ambientado en el genocidio lituano bajo el asedio nazi, aunque eso sólo sea el marco espaciotemporal. Será una historia cruda, en riguroso blanco y negro, sobre la condición humana. Nunca he hecho historieta, aunque es una de mis mayores pasiones, así que va a resultar todo un reto para mi.
Su primer pensamiento matutino: El primero aparece más o menos a la hora de levantarme.
Y tiene que ver con el desayuno.
Esa imagen (un cuadro/fotografía/póster/mural/cartel/
imagen) que podría pasarse horas (ad)mirando: El Triunfo de la Muerte de Pieter Brueghel.
Algo para hacer a cualquier hora: Dormir.
La primera vez que leyó un ejemplar de Vulture (¿cómo
cayó en sus manos?): Cuando Mapi me ofreció colaborar. Lo siento, mea culpa.
La mejor película de su videoteca: La Última Película de Peter Bogdanovich.
Un ídolo: Mi padre.
Un libro para releer: Pan de Knut Hamsun.
Un sueño recurrente: Alguien me persigue de noche por una ciudad solitaria diseñada por De Chirico. Intenso y cansado, pero fascinante.
Su tesoro más preciado: Mi irreverencia.
Su merienda favorita: Una infusión de rooibos (con azúcar moreno).
