
AVATAR: EL FUTURO ES HOY
Febrero 2010/ Sí, ya sé que muchos os preguntaréis: ¿pero esta no era una sección sobre películas legendarias de la historia del cine? ¿Qué narices pinta aquí una superproducción tan reciente como Avatar? Permitidme, pues, que me explique. Aunque es cierto que la última y faraónica propuesta de James Cameron sigue haciendo añicos anteriores récord de taquilla mientras leéis estas líneas, servidor, en una jugada de riesgo no exenta de entusiasmo, se atreve a considerarla una película a todas luces histórica y revolucionaria. Y no me refiero a su supremacía comercial (ha sido la primera cinta en superar los mil millones de dólares a nivel mundial en poco más de dos semanas) ni a lo atractivo y excitante de su propuesta argumental (una aventura épica capaz de obligarte a no parpadear), sino a su planteamiento formal, indudable punto de partida del cine del futuro como en su día lo fueron otros hitos de la ciencia-ficción (La guerra de las galaxias, Blade Runner o Matrix, sin ir más lejos).
Tras el fenómeno de Titanic, Cameron, cineasta visionario equiparable a pioneros como Méliès, supo ser paciente y esperar a que la tecnología digital avanzara hasta hacer posible su ambicioso proyecto sobre un planeta virgen y de naturaleza exuberante cuyos nativos, los na´vi, se enfrentan a los marines norteamericanos cuando estos se presentan con ansias de conquista. Finalmente, en 2002, la técnica de captura en movimiento empleada por Peter Jackson para el Gollum de Las dos torres le convenció de que su utopía era posible, más aún combinada con los adelantos de la proyección en 3D. Y ahora, siete años después, se ha convertido en una obra de arte maravillosa, de una espectacularidad apabullante y una perfección tal que el espectador se olvida de que asiste a un mundo creado por ordenador para sumergirse en la historia desde el primer minuto. A la vista del resultado, que haya sido la producción más cara de todos los tiempos (280 millones de dólares de presupuesto) parece un dato trivial, carente de relevancia.
Cameron es un cabezota, pero por eso es un genio. Avatar llevaba años en su cabeza, y no ha existido hasta no ser capaz de plasmarla tal cual. Durante una década larga, los fans le pedían a gritos un nuevo film, mientras él miraba hacia otro lado y se aplicaba la máxima de persevera y vencerás. Con el proyecto ya en marcha, los estudios trataron de imponerle una estrella como Matt Damon al frente del reparto, mientras él se enrocaba en contratar a un australiano llamado Sam Worthington que, por aquel entonces, vivía en su coche. También se pasó por el forro los seguros de vida de sus actores al llevárselos a Hawai y obligarles a sobrevivir en la selva como preparación para sus personajes (como compensación, les dejaba pasar la noche en un Four Seasons). Cabezota, triunfador y, en definitiva, cineasta con tintes mesiánicos. Avatar al fin es una realidad que abre la puerta a una nueva manera de entender el lenguaje cinematográfico, de experimentar el visionado de una película. Y por eso ya es mítica.
Estados Unidos, 2009 T.O.: Avatar Dirección y guión: James Cameron Productores: James Cameron y Jon Landau Música: James Horner Fotografía: Mauro Fiore Diseño de producción: Rick Carter y Robert Stromberg Montaje: James Cameron, John Refoua y Stephen Rivkin Intérpretes: Sam Worthington (Jake Sully), Zoe Saldana (Neytiri), Sigourney Weaver (Dra. Grace Augustine), Stephen Lang (Coronel Miles Quaritch), Giovanni Ribisi (Parker Selfridge) Duración: 162 minutos Producción: Lightstorm Entertainment para Twentieth Century Fox
