
SIN PERDÓN: VIEJO COWBOY, NUEVO MAESTRO
Marzo 2010/ Aprovechando la presencia en la cartelera de la magnífica Invictus, este mes hablaremos de un hombre que supo sobreponerse a sus limitaciones como actor para desdoblarse en un director de leyenda, quizá el último clásico del cine contemporáneo. No deja de ser curioso que Clint Eastwood, después de varias décadas como estrella de cintas de acción y casi veinte años dirigiendo películas, inaugurara su mejor etapa artística cumplidos los sesenta, momento a partir del cual firmaría joyas del calibre de Un mundo perfecto (1993), Los puentes de Madison (1995), Mystic River (2003), Million Dollar Baby (2004) o Gran Torino (2008). Todas ellas son obras maestras, pero probablemente ninguna hubiera existido si, en 1992, el cineasta californiano no hubiera rodado la película que supondría un punto de inflexión definitivo en su trayectoria: Sin perdón.
Eastwood compró los derechos de este western crepuscular a principios de los ochenta. Pese a su deseo de interpretar a su protagonista, supo ser paciente y dejar que los años hicieran mella en su rostro para ajustar su edad con la del protagonista. Como los buenos vinos, se dejó envejecer, y a principios de los noventa se sintió preparado. Hasta ese momento, contaba ya con catorce películas dirigidas, pero sólo un par de ellas (El jinete pálido y Bird) le habían valido la consideración de los críticos. Para colmo de males, sus dos producciones más recientes tras la cámara (El principiante y Cazador blanco, corazón negro) venían de fracasar estrepitosamente en taquilla. Con su carrera pendiendo de un hilo, Eastwood tiró de agallas y se atrevió con un género prácticamente en extinción, una jugada que, de haber salido mal, le hubiera hundido para siempre.
Consciente de estar ante su posible testamento cinematográfico, el viejo Clint volcó todas sus fuerzas en el empeño. Se rodeó de actores superlativos (su inseparable Morgan Freeman o un Gene Hackman al que le costó convencer porque estaba harto de interpretar a villanos) y trasladó a su equipo hasta Calgary (Canadá), donde se construyó la ciudad ficticia de Big Whiskey. Para conseguir un ambiente más realista, prohibió la entrada de vehículos modernos en el rodaje, por lo que técnicos e intérpretes debían trasladarse cada día… en carreta. La filmación acabó comprendiendo 52 días, y, durante la misma, el director, más consciente que nunca del peso de los diálogos por encima del dinamismo visual para comprender el descenso a los infiernos de los personajes y los conflictos generados entre ellos, desarrolló algunas de las secuencias más largas de su carrera, en una estructura narrativa que serviría de inspiración, años después, para Quentin Tarantino y su extraordinaria Malditos bastardos (2009).
El resultado fue una película maravillosa y poderosa, incluso para los más escépticos del western. Sin perdón ganó cuatro Oscar y se convirtió en el título más rentable de la filmografía de Eastwood, allanando el terreno para proyectos venideros. Pero sobre todo, supuso la confirmación de un autor con mayúsculas que, al igual que su personaje, había conseguido librarse de los prejuicios del pasado para encontrar el camino de la redención. Con ella, este genio tardío iniciaba su etapa más gloriosa, donde afrontaría retos que en manos de otros cineastas hubieran caído en el saco de la intrascendencia. Sin embargo, él los hizo grandes. Por muchos años, Clint.
Estados Unidos, 1992 T.O.: Unforgiven Director: Clint Eastwood Productor: Clint Eastwood Guión: David Webb Peoples Música: Lennie Niehaus Fotografía: Jack N. Green Diseño de producción: Henry Bumstead Montaje: Joel Cox Intérpretes: Clint Eastwood (William Munny), Gene Hackman (Little Billy Daggett), Morgan Freeman (Ned Logan), Richard Harris (English Bob) Duración: 130 minutos Producción: Malpaso para Warner Bros.
